Despertar

La habitación era gigante, definitivamente más grande de lo que alguien pudiera necesitar, la alfombra era vieja y las cortinas también pero estaban hechas con esa tela pesada verde aceituna.

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La cama era justo como te la imaginarías, grande con una base de madera pintada de blanco, el colchón era viejo, podías sentir los resortes si recargabas tu rodilla, encima de la cama había una mujer.

Despertó con los ojos en blanco, tardó unos segundos en que se acomodara su cara, la desesperación era tangible en su rostro, llevaba un camisón largo con un bonito bordado de margaritas pero que inevitablemente se veía viejo y percudido. Salió de la cama y a juzgar por los movimientos ya conocía ese lugar, no había muchos muebles pero la distancia entre ellos era importante.

La puerta estaba cerrada con varios candados de color dorado, había unos oxidados pero no eran candados regulares, se debía de poner una secuencia combinada de símbolos y números pero los dedos de la mujer eran ágiles y rápidos. Se tardaba segundos donde la mayoría se hubiera tardado horas pero lo perturbador era que eso no lo hacía la inteligencia, era producto de la práctica.

Estaba abriendo el candado, uno por uno, los dejaba caer, se escuchaban pesados, terminó de hacerlo y salió de la recámara para encontrarse en una casa victoriana hecha de madera, las ventanas dejaban entrar un hilo de luz, a juzgar del color de la luz era muy probable que fuera de madrugada.

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Sintió el piso frío con sus pies descalzos y comenzó a correr en el pasillo, sus manos las usaba para sentir la pared, en cada esquina se detenía, volteaba atenta su oreja avanzaba. La casa parecía un laberinto, la pared crujía y el piso reaccionaba al peso de sus pasos, sería equivocado decir que no había sonidos porque los había pero no todos podemos reconocerlos.

Al final de un pasillo sintió una brisa en su mejilla, sin quitar la mano de la pared sintió el barandal de la escalera, en puntillas logró pasarse a las escaleras y las bajaba poco a poco pero el sonido era aún más grande que el de los pasillos, entre más iba bajando menos luz había lo podía sentir.

Bajó a una bodega muy oscura, no dejaba de tener apoyada su mano en la pared, estiró las manos pero no sentía ningún muro cerca, decidió dejarse llevar por el piso y gateo hasta encontrar lo que era una columna, se puso de pie nuevamente y con su mano alcanzó un conjunto de cosas, entre ellos sintió el relieve de una caja, la tiró.

La caja y un montón de cosas más cayeron en los mármoles travertinos, siguiendo la dirección de la columna se agachó y gateaba para identificar qué era lo que sentía, sintió otra vez la madera tallada en sus manos, se dio cuenta de la presencia de otro candado, se tardó unos segundos más en este pero al final se escuchó el “click”, una leve sonrisa se asomó en la comisura de su labio.

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Abrió la caja y sintió dos bolas frías de vidrio, las tomó y se las introdujo en las cuencas de sus ojos, su mirada había cobrado vida, una aterrada vida.

Se escuchó un relámpago en la parte de arriba, ella cerró los ojos y sintió como todo desapareció.

Abrió los ojos y estaba en la habitación con cara de desesperación.

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